Cartas a Théo
Isabela Ardila

Autor: Vincent Van Gogh
Fecha de Publicación: 2012
País: Holanda
Editorial: Paidós
Páginas: 432

——–Hoy conocemos a Vincent Van Gogh como uno de los mayores exponentes del postimpresionismo, un hombre con un don natural para ver a través de caleidoscopios y sonidos lo que la realidad pintaba con monotonía. Sin embargo, imaginar el impacto de su vida y obra en épocas pasadas habría sido un sinsabor para todo aquel que conociera al solitario, extraño, azul y enfermo hombre neerlandés antes de 1890.

——–Cuando pienso en algo triste, pienso en Van Gogh. A través de la historia hemos conocido a personajes cargados de miseria y temor, que han muerto creyendo que no eran nadie, solo para descubrir que la evolución también ha tocado sus obras y, gracias a ello, hoy las personas ven lo que antes no podían. Cada historia tiene un porqué y un cómo, una razón y el desgaste clásico de la ansiedad. Cada historia es el reflejo oscurecido de la vida de su autor. Entre letra y letra sentimos una oscuridad en la que nos vemos reflejados o sentimos en óleos las fotografías de nuestras emociones más temidas.

——–Aunque admiro la necesidad de enfrentar rayos con truenos y tornados con ciclones, pienso que se requiere de otro tipo de valentía para no responder con el mismo odio, con el mismo rencor y el deseo recíproco del sufrimiento desmedido. ¿Cuántas veces nos ha ocurrido a nosotros? Solo se necesita que una pelea se salga de control para que comience el fuego bilateral; un comentario desmedido que crece hasta convertirse en reproches de años previos que ya nadie recuerda con claridad; un error, una falta de comunicación, una suposición. Todo nos hace explotar.

——–¿Cuántas veces hemos sido capaces de permanecer en nuestras casillas y responder al odio con amor? ¡El simple pensamiento es estúpido! Solo necesito pensar en alguna pelea que haya tenido con alguien para reafirmar que nunca he podido desear al otro la paz absoluta cuando yo me siento como la mierda. Pensar que alguien, alguna vez, tuvo esos mismos pensamientos y en vez de causar destrucción hizo arte, me llena de vergüenza y envidia. Yo quisiera poder ver a mi vecino molesto y ver en él la sonrisa que no tiene, devolvérsela con más intensidad y enfocarme en el sonido del viento. Quisiera ver todo lo que odio como un color que no he conocido todavía. Daría mi vida entera por ver lo que Van Gogh vio en otros, algo tan puro, sincero y abrumador que la única forma de sacarlo de adentro era compartiendo día tras día los movimientos analgésicos de la naturaleza cuando el sol salía por la mañana, el susurro de las estrellas bailando por la noche entre luces amarillas y blancas que ya no podemos ver en el cielo y la claridad de saber que, por un segundo, todo deja de ser ajeno cuando te callas y escuchas.

——–La vida de Van Gogh no fue nada mejor que la de estos artistas despreciados en sus propias épocas. Fue tan miserable, pobre e incomprendido como todos, pero su gran particularidad recae en el halo de luz al que se aferró con uñas y dientes hasta el día de su muerte. No era una persona perfecta, ni pretendía serlo, y aun así estaba cargado de humildad, gentileza, pasión por el arte, por la gente, por las flores, el odio, la tristeza y todo lo que la vida le escupió en la cara.

——–Para mi propio consuelo, y el de millones de personas alrededor del mundo, no todo tuvo un trasfondo tan oscuro o desesperanzado. Van Gogh conoció el amor en su forma más pura y desinteresada hasta el final. Pero esta no es la historia de amor que todos quieren contar. El amor de Van Gogh, el único que tuvo de verdad, fue el que su hermano Théo sintió por él.

——–Abrumado por las miradas, los insultos, la depresión que padecía y su mala reputación, Vincent asumió que solo una persona podría comprender su forma de ver el mundo, de escuchar los colores y de ver movimientos en figuras estáticas que solo él percibía. De no ser porque estas cartas fueron ordenadas cronológicamente y dadas a conocer, Van Gogh, como persona y artista, sería un desconocido para nosotros más allá de su obra.

——–Cartas a Théo es una compilación de misivas escritas entre 1872 y 1890, antes de su trágica muerte. El reconocido pintor se abrió ante nosotros como un simple hombre, al borde de locura y apenas sosteniéndose con las pinturas que canjeaba y la desinteresada manutención que Théo le brindó por tantos años.

——–Estas están lejos de ser solamente una autobiografía, son la voz de un hombre que transformó la amargura de su soledad en pinceladas itinerantes, que tomó provecho de su dolor para resaltar la belleza de las cosas y encontrar un poco de vida frente al caballete. Vincent, incluso, interrumpe sus mismas palabras para dibujar, creando un lenguaje que, cien años después, sigue generando en las personas vértigos psicodélicos que acumulan lágrimas en los ojos de quienes, por unos minutos, conectan entre párrafos la verdad al desnudo de su existencia con la sensibilidad de un aparente mundo gris y ruidoso.

——–Hoy tenemos un nombre para la condición de Van Gogh. La sinestesia le hacía escuchar los colores y ver colores en los sonidos. Definió al amarillo y al azul, en las cartas, como fuegos artificiales acariciando sus sentidos, en algunas ocasiones con tanta intensidad que debía controlarse a sí mismo si no quería perder el completo hilo de la racionalidad.

——–Cuenta una anécdota que el artista decidió tomar clases de piano porque para él cada nota tenía un color distinto. Imagínense lo que habría sido del universo musical si se hubiera convertido en un compositor: escuchar su traducción de La noche estrellada, cantar una melodía para referirse a Autorretrato y entender en acordes lo que él veía de sí mismo. Pero cada nota era tan intensa que, con un acorde, su campo de visión se nublaba por completo de colores al azar tomando forma, moviéndose. Él mismo lo describe y es lo más cercano que tenemos para entender por qué a él le importaba un carajo responder al mismo odio, con odio. Es que no se puede cuando todo lo que ves está afectado por el poder de la sensibilidad, no se puede cuando simplemente te encuentras en un universo que nadie más comprende.

——–Estas palabras lo condenaron y tildaron de loco, pero la publicación de sus cartas no solo lo catapultó a la fama que tiene hoy, sino que conectó con cientos de personas alrededor del globo que poseían el mismo don ultrasensible: viéndolo en el paladar, escuchándolo en los azules, pintando paisajes en partituras. Y a todos los que no tenemos esa misma clase de sinestesia nos mostró una pequeña parte de lo que se sentía.

——–Entonces, ¿por qué Cartas a Théo es tan importante?

——–Más allá de las subjetividad que cada quien dedique a sus pinturas, este libro es una invitación a enfrentarse al mundo, a abrazar la vulnerabilidad y hacer de ella algo hermoso pese a los claroscuros. Entender a un artista con tantas dimensiones es casi imposible, pero simpatizar con él se vuelve una cuestión de viajar en el tiempo y el espacio a lugares que seguramente ya conocemos, pero nunca hemos visto así.

——–Se me envenena el alma cuando recuerdo que Van Gogh nunca conocerá su legado, que nunca sabrá lo que su nombre representa hoy en día. Se me parte el corazón al entender que los años pasan, su fama es inmensa, y aun así su último recuerdo será una tormenta interminable; que nunca escuchó de alguien las palabras «Van Gogh me cambió la vida».

——–Hay muchos motivos por los que creo que se debe leer lo que Van Gogh le confesó a su hermano. Pienso que todos merecen reconocerse en su historia, verse como víctima o encontrarse en los victimarios. Tengo la esperanza de que aquellos que se burlan de las personas con sueños se animen a soñar ellos mismos. También espero que todos los desesperanzados vean un tipo de mapa en el cual ubicarse cuando el mundo se sienta demasiado grande. Espero que los que viven de derrumbar ilusiones escuchen la voz de alguien que sufrió toda su vida por culpa de gente así y callen antes de volver a disparar balas con la boca. Sobre todo, espero que finalmente su voz pueda ser escuchada, porque Cartas a Théo no solo es un recordatorio de que el mundo puede y te va a afectar, es una declaración sobre cómo afectarlo de vuelta, con el doble de intensidad y el doble de humildad.