Cicatrices de la puta Mercedes
Dayanna Urquiza*

 

 

 

 

——–—«Es que tras de negra es puta», ya me han dicho eso varias veces y créame que no me aguanto.

——–—¿Y por eso sacó al cliente así a las patadas? ¡No, Mercedes, siga así y créame que nos vamos a quedar sin clientela!

——–—Vea, yo no quería que ese señor me cogiera como lo hizo, me estaba lastimando, y aunque yo esté dando mi cuerpo como un servicio, a mí no me tiene que coger como un trapo sucio, como mercancía barata.

——–—Bueno, no sé, por ahí una vez leí que «el cliente siempre tiene la razón», y pues, ya sabe mujer, aquí llega de todo, una no sabe cuándo le salga un fetichista bien morboso; pero no voy a discutir con usted. Por ahí llego una niña nueva, invítele un juguito y le explica cómo es la vuelta, para que no esté tan tímida.

——–Yo la vi y quedé pasmada, era una jovencita de piel muy blanca, ojos negros y el cabello bien oscuro; tenía una camisa sin escote, ¡¿cómo iba a vender esa niña las pechugas así vestida?! Me presenté como «Mercedes, la diosa de las caderas negras». A ella le dio risa, le invité un jugo y no me miró mal, no tiene pinta de ser racista.

——–—Liliana, ¿verdad? Bueno, bienvenida al mundo de las trabajadoras sexuales, acostúmbrese a que le digan «puta», es más, siéntase orgullosa de eso. Usted va a tener clientes muy diversos, esto es como un arroz chino: usted come pero no sabe de verdad lo que se come. Una de mis reglas es «no se enamore de sus clientes» y, si se enamora, no les haga caso, suelen ser obsesivos, se lo digo por experiencia, niña.

——–—¿Ya alguno se enamoró de ti? —me preguntó con las mejillas rojas.

——–—¿Si ve esta cicatriz que tengo en el hombro? Pues así como tengo la piel lastimada tengo el corazón curtido, lleno de recuerdos que se encarnan en cicatrices. Cuando yo era pequeña a mí me enseñaron que la mujer existe solo para satisfacer al hombre; si mi papá le pegaba a mi mamá era culpa de ella, o eso me decían; pero fíjese, niña, que mi papá era infiel, el pobre hombre cayó en las garras de una prostituta. Ahí mi vieja se cansó y se fue con otro hombre y ¿para qué?, pues dudo que haya sido para satisfacer su falta de amor. Parece que ella solo replicó la violencia, los golpes ya no los propinaba mi padrastro sino mi propia mamá, claro, luego de la infidelidad ella quedó muy desconfiada y el pobre marido que tenía no era capaz de cortar la relación, tampoco se quejaba con las autoridades o los vecinos porque se le burlaban, le decían: «Hermano, ¿cómo es posible que se deje pegar de una mujer?, ¿usted es marica?, no me joda».

——–»Nena, yo siempre viví bajo ideas represivas: «no hables, no pienses, mejor dicho, no seas más que la extensión de la persona con quien te cases». Pero conocí a Fernanda, a ella casi la matan por ser una puta trans; eso le decían: «¡Ay, no bote tanta pluma! De día es Fernando y de noche, Fernanda, ¿o qué?». Pero gracias a ella yo llegué a este maravilloso mundo, soy feliz haciendo lo que hago; esto me dio plata para pagarme un curso de belleza, yo por ahí trabajo pintando uñas y eso, pero es peligroso. Una vez una de mis clientes más frecuentes se enteró de este trabajo y después de tratarme mal, no volvió. Lo otro, mija, es que tenga cuidado en dónde vive, a mí, hace cinco meses, me tocó irme del barrio donde vivía porque empezaron a hacer limpieza social: «Ya tenemos el nombre de ladrones y putas, si no se van, los matamos», y no era mentira. A una amiga mía la violaron y la mataron, pero ese proceso está quieto, que porque era prostituta; y a un muchacho, que se veía hasta buena gente, lo amarraron a un poste y lo golpearon hasta que falleció. Pero con toda esta carreta yo no la quiero asustar, a la final es para que abra los ojos, la muerte en esta ciudad o, incluso, en este país está en cada esquina, entonces no se asuste si hay riñas, usted siempre tiene que ser frentera. Más bien cuénteme, ¿qué la trajo a trabajar en esto?

——–—Pues, desde el comienzo de esta conversación yo creí que ya sabías, porque le atinaste. Un señor se enamoró de mí, al comienzo yo sentía algo por él, es que era muy especial, me llevaba detalles, me trataba bien, pero luego empezaron los celos, yo le decía que si puta me conoció, puta me tenía que querer; yo me aburrí, él me seguía y todo, entonces yo decidí cambiar mi lugar de trabajo y pues aquí estoy.

——–—Cualquier cosa me avisa, mija, si ve a ese señor, vamos de una vez a la policía.

——–—Eso no sirve de nada, le puse denuncias por acoso, incluso una vez llegué corriendo a donde un policía, es que lo vi con navaja, pero no hicieron nada.

——–—Bueno, entonces cualquier cosa grita que yo salgo y le doy puños o lo que sea, es que con nosotras nadie se mete.

——–La pelada era sincera y firme, muy agradable, estuvo un mes larguito asistiendo juiciosa al trabajo, pero de la nada desapareció; yo tenía un mal presentimiento, entonces como pude conseguí la dirección de la casa y llegué, golpeé la puerta y salió un señor de bigote, mal mirado y con la voz gruesa.

——–—¿Qué quiere? —me dijo.

——–—Estoy buscando a Liliana.

——–—No se meta en lo que no le incumbe, corroncha, váyase de aquí.

——–—A mí me respeta, bigotón, si usted no llama a Liliana empiezo a gritar.

——–—Espérese, loca, Liliana se fue al pueblo de la mamá, yo le aviso que usted vino, pero por aquí no se vuelva a aparecer.

——–Me fui pero a esconderme, el señor ese se fue como a las dos horas, así que volví a golpear; Lilianita estaba toda aporreada, solo me dijo que el señor con quien hablé era su enamorado, pero que ella en unas semanas volvía. Yo iba cada que podía y le llevaba sopa o frutas para que se mantuviera bonita. Un día me dijo que estaba lista para volver y habíamos acordado que iba a vivir conmigo para que nadie la molestara, esa noche la estuve esperando y nunca llegó. Fui a la casa, ya no había ni cortinas puestas, pregunté por ellos y nadie sabía nada. Tres días después por noticias salió que se encontró el cuerpo sin vida de una mujer en un caño por los lados de Soacha. Nadie fue a preguntar por el cuerpo, solo yo, y en efecto era mi Lilianita, tenía la cara vuelta nada y le habían cortado los dedos de las manos.  Testifiqué contando los abusos por parte del esposo, pero yo no sabía el nombre, no sabía nada, ese asesinato aún es impune. Compartí solo un mes larguito trabajando con Liliana, pero ha dejado una de las cicatrices más profundas en mi corazón.

 

 

*(Bogotá, Colombia)
Autora de dieciséis años.
En mi corta trayectoria de vida descubrí que
el sentido lo da y lo quita la literatura y la música,

pues sacan de a poco a la luz un frenesí constante
de emociones o al Mr. Hyde que llevamos dentro.

En 2019 publiqué Muerte e infinitud en la revista Sinestesia
y en 2020, El platanal en la revista Straversa.

Blog: https://tertulianacionaldd.wixsite.com/website
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