Réflex-fugas sobre un punto de iones
Julio Villalva*

 

I

——–Durante mis años de estudiante me aficioné a las librerías de viejo: establecimientos de libros antiguos, de segunda mano y descatalogados. El olor a papel viejo, los diseños de portadas y los locales en sí… me gustaba visitarlos. Para llegar a estas librerías desplegaba rituales previos en los que comprar el periódico, caminar por entre calles, barrios-viejos, tomar desvíos breves, atajos y encontrar alguna cafetería temprana-la-mañana que invitara un buen café expreso (con cierto aire de nostalgia) era propiciatorio.

——–En otros momentos me conformaba con algún puesto callejero que de entre sus olores sobresaliera el café de olla con su aroma a canela y piloncillo. Obligado a detenerme, cedía al antojito. Quien deguste del buen comer sabe lo que pueden estos puestos ambulantes, que, además de brindar tentaciones culinarias, nos abren todo un universo de tradición allende el tiempo… y como destino: sucumbir ante sabores, olores y colores… y no ser nunca indiferente.

——–De entre estas delicias perviven maravillas que rememoran tiempos prehispánicos, como el tlacoyo de masa azul y su penacho de nopales. También los hay cuyo mestizaje es evidente, como en el caso del señor pambazo. Para diversificar la oferta están los sopes o —si le gusta a uno improvisar— ahí tenemos al cosmopolita huarache (que se combina con longaniza, huevo, bistec, chorizo, costilla, pollo, moronga, salsa verde, roja, con cebolla y queso —«si me hace usted favor»—). Para el gusto más refinado: la irresistible gordita. Por eso de variar, la versátil quesadilla. Y para finalizar, deliciosa por antonomasia, la memela: «nomás para que se le haga agua la boca».

 

II

——–Con el ánimo resuelto, «la panza llena y el corazón contento», continuaba el viaje por el Centro Histórico de Ciudad-Tenochtitlan, paisaje cyborg donde lo prehispánico, colonial, moderno y contemporáneo se funden en un delirante viaje transpunketo.

——–Detrás de la Catedral Metropolitana se encuentra el número 10, Pasaje Catedral, en cuyo interior hay locales que venden hierbas de todo tipo: moringa curalotodo, semilla de zopilote para la jaqueca, flor de azahar que apacigua los nervios, tlanchalagua para adelgazar, hierba del sapo que baja el colesterol, ajo macho para el dinero, eucalipto para la angina de pecho, manzanilla para el empacho y sauco para el espanto.

——–En el mismo pasaje también hay negocios de objetos, indumentaria y estatuaria religiosa: cirios, candeleros, medallas, rosarios, casullas, dalmáticas, hábitos, amitos, estolas, cíngulos, escapularios… y santos, muchos santos de todos los tamaños y colores. Abundan los san Judas Tadeo, que es patrón todo terreno, especialista en causas difíciles y desesperadas; san Charbel, para quienes sufren de cuerpo y alma; san Ramón Nonato, para detener chismes y habladurías; santo Niño de Atocha, para el consuelo y el desamparo; san Antonio, especialista en enredos amorosos y casamenteros; san Martín Caballero, para la bonanza en el dinero; santa Rita, para librar con bien cualquier examen; san Roque para el cuidado de las mascotas; san Pascual Bailón, para que los platillos en la cocina salgan deliciosos, especialista en chiles en nogada.

 

III

——–Saliendo del Pasaje Catedral se encuentra la calle de Donceles. Su nombre data de 1524 y es una arteria del centro de la Ciudad de México. Sin saber por qué razón, en esta calle se han asentado el mayor número de librerías de viejo: en el edificio Plancarte y Labastida se encuentran El Laberinto y Hermanos de la Hoja; cerca del Teatro de la Ciudad Esperanza Iris, en el edificio Villarcayo, están El Callejón de los Milagros y El Tomo Suelto. De abolengo, ahí está la Librería Regia, «la más grande de México». Para concluir el recuento de librerías, las últimas son Bibliofilia, El Inframundo y El Gran Remate.

 

IV

——–De mis incursiones en el ámbito del coleccionismo de libros, adquirí en El Inframundo, algunos fascículos de la Pinacoteca de los genios, colección publicada en 1964 por Ediciones Codex (Argentina), a cargo de Nicolás Gibelli y Julio Payró. Esta colección publicó 170 números dedicados a la pintura.

——–La colección Pinacoteca de los genios es la versión para Latinoamérica y España de la colección italiana I maestri del colore, lanzada por la casa editorial Fratelli Fabbri Editori en 1963 y de la que se publicaron 286 fascículos. Se trató de una colección cuya proyección internacional acogió diferentes sellos editoriales: Hachette publicó Chefs-D’œuvre de l’art: «Grands peintres»; Purnell & Sons, The Masters; Bastei-Verlag Gustav H. Lübbe, Bastei Galerie der grossen Maler; Editora Abril, Gênios da pintura.

——–Todas las colecciones son una y la misma, fascículos más, fascículos menos, y todas comparten las mismas imágenes, formato e ideas: láminas desplegables, ilustraciones a color y monográficos dedicados a un pintor. Dichos monográficos se tradujeron de un idioma a otro y, salvo algunas excepciones, como en el caso de Pinacoteca de los genios que añadió al catálogo a unos cuantos artistas españoles y latinoamericanos, se invitó a especialistas a redactar las monografías. Reproducen el mismo esquema sintáctico, biográfico y enciclopédico, donde la obra no es sino epifanía del artista que le entroniza como genio. Para un mayor alcance dentro del mercado editorial, estos fascículos de gran formato (27 x 36 cm) se registraron como revistas, haciendo del quiosco el centro de distribución y venta.

 

V

——–El origen editorial de esta colección de libros que se distribuyó con éxito por todo el mundo, y que pretendió concentrar en fascículos el arte universal, fue idea del editor y coleccionista de arte Albert Skira, quien en 1934 y bajo el concepto de biblioteca-museo, publicó Les trésors de la peinture française: 45 tomos de gran formato (29 x 39 cm), cuya peculiaridad en el campo editorial era la impresión a color y la alta calidad en la reproducción de imágenes.

——–La experiencia de Albert Skira en el campo editorial y su afición al arte lo ubicaron como referente desde los años treinta. Realizó ediciones de alta gama, sobre todo interesado en libros de arte: Picasso le ilustró con 30 aguafuertes Les Métamorphoses, de Ovidio. Matisse ilustró con 29 grabados las Poésies de Mallarmé.      Dalí realizó 43 aguafuertes para Les Chants de Maldoror del Conde de Lautréamont. De 1932 a 1935, publicó Minotaure, una revista de arte de vanguardia cuyo comité editorial estaba compuesto por André Breton, Paul Éluard, Marcel Duchamp, Maurice Heine y Pierre Mabille. Posteriormente, de 1944 a 1946 fundó la revista de arte y literatura Labyrinthe, donde aparecen ensayos de Sartre, Malraux y Éluard, entre otros.

 

VI

——–En los años sesenta, el proyecto editorial Skira, asociado con el emporio literario Fabbri, se dio a la tarea de retomar Les trésors de la peinture française y relanzarlo al mercado. La asociación Skira-Fabbri publicó el catálogo revisado, corregido y aumentado en: I maestri del colore, que pasó de 45 fascículos (en 1934) a 286 (en 1963). Contaron con los mejores medios de difusión y distribución, fomentando una línea de producción y montaje a nivel internacional, cuyo estándar fue la maximización de un producto de calidad a bajo coste. ¿Su objetivo? Ampliar el mercado, la clase media como consumidor potencial. El gran emporio de las artes gráficas suministró a la cultura de masas una visión uniforme y unidireccional: mismas imágenes, opiniones e historicidad sobre las artes visuales, direccionando el gusto popular.

——–En la solapa de los fascículos reza una nota: «la más grandiosa colección de arte del mundo», promesa que modeló el ánimo, el sentimiento social y los modos de ver el arte ahí promovido. Colocada en el estanquillo se tornó accesible y, mediante la adquisición, alimentó la red de coleccionismo editorial. Tras bambalinas del producto coleccionable se entreverá modernidad, progreso y conservadurismo. El producto no engaña: el ocio es moneda de cambio y la distracción se erige pedagógica. En perspectiva: en estos fascículos la adquisición en tanto inversión despliega una fantasmagoría de poder y distinción. Y aquí la trampa —el punto ciego—: el deseo que es consigna torna el consumo en alienación; por ende, la diferencia y la desigualdad se activan como estrategias de regulación, de distribución de afectos y de asentamiento del canon.

——–Un canon es un paradigma, algo que busca conservar cierta tradición —perspectiva— y prolongarse en el tiempo como punto de fuga. Los mass media, al servicio de grandes firmas e intereses encubiertos, han hecho de la narrativa hegemónica una extensión ideológica, asentando —y no de manera tácita— la subalternidad y, en el peor de los casos, el olvido histórico.

 

VII

——–El catálogo de Skira Les trésors de la peinture française no incluye mujer pintora alguna, y de haberlas, haylas. En los facsímiles Skira-Fabbri del I maestri del colore, el fascículo 97 está dedicado a Rosalba Carriera, pintora italiana del siglo XVIII. Aquí me mueve lo curioso de la selección: en 286 números dedicados a la pintura, solo se incluyó una mujer, —y que conste que en el Renacimiento y en el Barroco, pintoras      hubo, y no pocas—. En el caso de Pinacoteca de los genios, de los 170 números publicados, replica (el fascículo 97) a Rosalba Carrier con el número 93.

——–El canon deja claro que en la historia de la pintura el terreno es de genios y pura testosterona. El resto, entre renglones y omisiones. La estrategia reproduce la idea hegemónica de que el trabajo de las mujeres artistas siempre será menor, y aquí el punto de fuga convertido en punto ciego.

 

VIII


En estas navidades me llegó una tarjeta digital de dibujos que se replica en las redes sociales. En ella puede verse una serie de árboles navideños que aluden a pintores: Monet, Haring, O’Keeffe, Matisse, Pollock, Duchamp, Banksy, Mondrian, Warhol, Moore, Kuroda, Van Gogh, Miró, Dalí, Giacometti y Basquiat. La tarjeta de Art by Yoyo Maeght cumple su función y en el mensaje hay buena intención: Feliz 2022. Solo un punto a destacar: aunque breve la lista de pintores (16), la única mujer que aparece es O’Keeffe. El canon se repite como punto de fuga, a manera de holograma, colocando el punto ciego en nuestra perspectiva.

 

 

*(Ciudad de México, México)
El autor cuenta con publicaciones en revistas como Claudia, Ángulos y Espejo Humeante,
Ciudad de México; así como en Straversa, de Colombia.

Es coautor de Yol-Izma: La danzarina de las leyendas,
México, Escenología, A. C. 1997.
Ostenta un título propio como Ejecutante en Danza Contemporánea de la
Escuela Nacional de Danza Contemporánea del
Instituto Nacional de Bellas Artes y es Licenciado en Artes Visuales de la
Facultad de Artes y Diseño de la Universidad Nacional Autónoma de México.
Doctorando en Investigación y Creación en Arte de la Universidad del País Vasco.

https://jcvillalva25.wixsite.com/julio

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